Aquel 30 de abril de 1993, con 19 años, la número uno del mundo fue agredida por un fanático de Steffi Graf que le arruinó la carrera. El gesto humano de Sabatini, para la posteridad.

El recuerdo resulta escalofriante. Basta con pensar en el atentado de un espectador contra un tenista de elite en un certamen profesional para llegar a una simple conclusión:  es imposible. Pero la realidad, a veces, se ríe de la ficción. Sucedió. Y la última semana se cumplieron 28 años de aquel feroz ataque que cambiaría la historia del tenis para siempre.

Todo marchaba con cierta normalidad aquel 30 de abril de 1993. Monica Seles, la joven número uno del mundo, sostenía una ventaja de 6-4 y 4-3 frente a la búlgara Magdalena Maleeva en la cancha central del torneo de Hamburgo, en un choque correspondiente a los cuartos de final. Toda esa calma que suele reinar en los acontecimientos de tenis, de repente, se desmoronó por completo: una persona del público burló los controles de seguridad durante el cambio de lado y apuñaló por la espalda a la yugoslava, quien aguardaba la reanudación sentada en el banco.

Las imágenes de aquel instante del terror no fueron captadas por la transmisión, aunque sí pudo apreciarse cómo un guardia capturó por detrás y tomó del cuello al agresor, reconocido como Günter Parche, un alemán de 38 años cuyo fanatismo enfermizo por Steffi Graf sería confirmado un tiempo después. Seles, la joya del tenis que estaba llamada a torcer la historia, emergió aquella tarde como una escapista: se salvó de la muerte por el acto reflejo de haber inclinado su cuerpo hacia adelante.

Segundos más tarde se levantó, dio unos pasos hacia la cancha y se desplomó sobre las personas que la asistían en plena pesadilla. ¿Por qué le ganó a la muerte? Porque aquel fugaz movimiento provocó que el cuchillo apenas penetrara unos tres centímetros y no afectara más que algunos músculos. “Movía las piernas en el cambio de lado porque sentía frío y, de repente, ese frío entró por mi espalda”, recordó Seles años después.

Sabatini y el factor humano

En su autobiografía, llamada “Monica, From Fear to Victory” (Del miedo a la victoria) y publicada en 1996, Seles contaría parte de lo sucedido apenas una semana después del acontecimiento en Hamburgo. Gerard Smith, por entonces presidente de la WTA, se reunió en el torneo de Roma con 17 de las 25 mejores jugadoras del mundo para solicitarles que hicieran una votación y definieran si el ranking de la yugoslava debía congelarsemientras atravesaba la etapa de rehabilitación.

“El resultado fue casi unánime en contra de la protección de mi ranking. Todas las jugadoras votaron en la misma línea, con la única excepción de Gabriela Sabatini. Me decepcionó que Steffi Graf haya votado en contra. Habíamos llorado juntas cuando estaba en el hospital en Hamburgo”, reconoció.

El vínculo entre Sabatini y Seles se hizo más fuerte y, mucho tiempo después, en marzo de 2015, jugarían una exhibición en el Madison Square Garden de Nueva York. Aquel partido significó el regreso al tenis de la mejor jugadora argentina de todos los tiempos, quien no había tocado una raqueta en años.

En la previa del partido la yugoslava fue consultada por aquel suceso que cambió su vida y enalteció el gesto humano de Gaby: “Fue la única que me apoyó, le tengo mucho aprecio. Pensó como persona y no por el ranking y el negocioGaby es diferente al resto de las jugadorases muy humana y tiene valores. Cuando me llamaron para jugar este partido no lo dudé ni un segundo”.e

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